Ando los últimos días totalmente emperrado con el Death Metal melódico a pesar del rechazo que me sigue generando esa absurda etiqueta. Con el tiempo he ido apreciando cada vez más a los grupos que se suelen meter en ese saco, pero me he dado cuenta de que al final todos pueden encasillarse como Death Metal (tengan la melodía que tengan), o como Heavy/Power con guturales. Pero pasando de estas discusiones sobre subgéneros, que al final son insustanciales, lo que si es cierto es que hay algo que comparten todas estas agrupaciones, y eso algo es su particular sentido para la melodía (solo faltaba). Tanto suecos y finlandeses impregnan a su música con unas melodías que generan un sentimiento muy particular y complicado de transmitir en palabras, que acaba por conformar ese sonido nórdico que tanto me apasiona últimamente. Y no solo me refiero a los grupos que suelen ser mencionadas cuando se habla del melodeath, (DARK TRANQUILLITY, o IN FLAMES antes de convertirse en unos mastuerzos), sino también de gente como AMORPHIS, SENTENCED, o las movidas de Dan Swano. Así que me he visto obligado a rescatar a una de las bandas de mi adolescencia, y que ejemplifica como pocas ese ‘metal escandinavo’ del que os hablo. Obviamente a los que me refiero no son otros que CHILDREN OF BODOM, que comandados por el carismático Alexi Laiho dejaron plasmada su huella en el panorama metálico de la primera mitad de los 2000.
Y es que la personalidad del ‘Wildchild’, para bien o para mal, impregna a toda la música de estos finlandeses. El tío era un auténtico virtuoso a las seis cuerdas, con un claro influjo neoclásico, y que podía tocar lo que le diese la gana, metiendo vibratos, tappings, bendings, y demás técnicas que hacen las delicias de los flipaos de la guitarra. Además el cabrón contaba con un gutural muy propio, el cual controlaba a placer, desde momentos que se acercaba a una voz limpia, hasta otros que le daba gran cavernosidad. Otra cosa no, pero eran una banda con una enorme personalidad, desde la carismática parca que adorna la mayoría de sus portadas que apodaron como Roy, o la omnipresente referencia a los asesinatos del lago Bodom en su parafernalia.
Alexi, siempre acompañado por sus fieles y notables músicos, que le siguieron hasta su asalto final con ‘Hexed’ (salvo un par de cambios del segundo guitarrista), nos regaló un puñado de álbumes para el recuerdo, llenos de momentos que son imposibles de sacarte de la cabeza. Así que después de que su jefe (alcohólico empedernido por cierto), intentase suicidarse a base de pastillas, que le dejó una semana en coma, ‘los Children’ se metieron al estudio de grabación para entregarnos uno de sus mejores discos, el antológico ‘Hetebreeder’ con el que consiguieron consolidarse en la escena en 1999.
No suelo ir canción por canción porque acaba siendo un poco coñazo, pero creo que el segundo retoño de los ‘niños de Bodom’ lo amerita. ‘Warheart’ entra a toda pastilla con ese bajo atronador y ya nos deja claro de que va esto. Un sonido prístino y pulido, cambios de tempo frenéticos, mucha melodía sin pasarse demasiado de azúcar, y bastante intensidad en la ejecución de los instrumentos. Tan solo es el primer tema y ya tenemos varios momentos para recordar, ya sea el estribillo, los solos, los riffs, o cualquier cosa que el mago pelirrojo se saque de la chistera. ‘Silent Night, Bodom Night’ se erige por su parte como uno de los temas esenciales de la banda, y en él que me quiero parar un segundo. Al igual que muchos compañeros de estilo, una de las características más destacables del grupo es el uso de los teclados (siempre a cargo de Janne Wirman), que se encargan de enfatizar el dramatismo de la música, pero a su vez van mucho más allá. Las teclas se entrelazan con las guitarras para crear pasajes totalmente embriagadores, duelos de solos, y repito, melodías que se te van a quedar grabadas en la sesera para siempre como las de esta tremenda ‘Silent Night...’
El tema título tampoco afloja, con un inicio más machacón, e incluso noto un deje blacker en según que momentos cuando le dan al blast beat. Un elemento que desde luego se perdió en los sucesivos trabajos pero que si que se podía oler en sus dos primeras obras. Seguimos para órdago con ‘Bed Of Razors’, cuyo inicio con el teclado siempre me ha parecido un guiño u homenaje al ‘Alison Hell’ de ANNIHILATOR. Aquí se permiten bajar un poco las revoluciones y darnos un corte algo más reposado, pero que se alza como uno de los más destacados. Fijaos en esa melodía extremadamente pegadiza en el estribillo, reminiscente de los ases del Heavy Metal clásico pero filtrada por ese sonido nórdico del que antes os hablaba. Otro absoluto temazo es ‘Towards Dead End’, que podría estar en un disco de YNGWIE MALMSTEEN si tuviese voz limpia, tan solo fijaos en ese riff principal tan melódico y contagioso. Y es que volviendo brevemente al debate con el que abría la reseña, al final esto no deja de ser Power Metal con voz gutural por encima, si acaso las intricadas estructuras de las composiciones si que se acercan a las del metal extremo.
‘Black Widow’ y ‘Wrath Within’ puede que no sean tan absolutamente memorables como las anteriores cinco (que se dice pronto), pero son otros dos temones que nos llevamos. Tienen un enfoque algo mas agresivo, especialmente la segunda, e incluso oigo algún riff thrasher por ahí. ‘Children Of Bodom’, el himno de la banda y otra de las mejores, abre con un riff de esos que no te sacas de la sesera, pero es aún mejor el punteo que llega justo después. Me encanta también ese momento antes del ataque final, en el que el teclado se queda solo y parece sacado de la banda sonora de un juego retro como podría ser Castlevania. Uno de esos temas donde cada segundo importa y que es imposible olvidar. Y como Alexi era un tipo listo, pues se deja una de las perlas para el final, que no es otra que la majestuosa ‘Downfall’, con esos teclados oníricos (o sinfónicos incluso) que quedaron grabados a fuego en la parroquia metalera de finales de los noventa e inicios de los 2000. Himno para los restos que pone el broche de oro a este majestuosos álbum, y no hay nada más que hablar.
‘Something Wild’ fue un grandísimo debut aún mostrando algo de caos juvenil, pero ya en este totalmente enfocado ‘Hatebreeder’, CHILDREN OF BODOM rozaron con las yemas de los dedos su pico creativo, el cual alcanzaron finalmente con el legendario ‘Follow The Reaper’ del año siguiente. Alexi tristemente nos dejó en 2020 tras perder su batalla contra el puñetero alcohol, sin ni siquiera ser testigo del primer lanzamiento de su nuevo proyecto, BODOM AFTER MIDNIGHT, que fue de lo mejor que parió en muchos años si me preguntan. Se nos fue uno de los mayores talentos guitarrísticos que surgieron en la segunda mitad de los noventa, todo un ‘guitar hero’ que justo cuando parecía resucitar, terminó por hundirse totalmente en el fondo de su propio lago. Obviamente los demás miembros decidieron sabiamente dar por terminada la banda, salvo por algún concierto puntual como homenaje a su fallecido jefe de filas. Por mi parte, aunque llegue unos años tarde, solo queda decir:


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