1. All Men Play On 10
2. Animals
3. Thor (The Powerhead)
4. Mountains
5. Sign Of The Hammer
6. The Oath
7. Thunderpick
8. Guyana (Cult Of The Damned)
MANOWAR, idolatrados por unos, denostados por otros. Desde luego no son una banda que deje indiferente a cualquier fan de Heavy Metal que se precie de serlo. De sobra son conocidas sus payasadas en el escenario, y su intento por convertir el mundillo del metal en algo parecido a una secta, lo que de primeras puede espantar a muchos de su música, la cual en muchos casos no es para nada desdeñable. Creo que los 'conans' del metal llegaron a parir un puñado de grandes discos durante los ochentas e incluso los noventas, que todo fanático del género debería poder disfrutar sí consigue dejar al margen sus excentricidades, las cuales, todo sea dicho, muchas veces empantanan el resultado final. Por culpa de esto último, algunos de sus álbumes más laureados no se convirtieron en las obras maestras incontestables del estilo que deberían haber sido, y se quedaron tan solo en ser muy buenos discos (te estoy mirando a tí “Kings of Metal”).
Sin embargo, hoy vamos a repasar el momento en el que más cerca se quedaron de la gloria que tanto predican en sus canciones. Estoy hablando de su cuarto álbum, convenientemente titulado “Sign Of The Hammer”, y que salió en 1984. Nos encontramos ante un disco realmente sólido donde su personalidad como banda ya estaba totalmente definida. Venían de parir ese mismo año otro disco apoteósico, el “Hail To England”, donde terminaban de pulir el estilo épico y potente que empezó a desarrollarse en “Into Glory Ride”. Este “Sign Of The Hammer” acabó por consolidarlos entre la fanaticada del Heavy Metal y les dio paso a su primera gira por Europa. La producción no será la mejor que tuvieron, eso tendría que esperar hasta “Fighting The World” y “Kings Of Metal”, pero todo se escucha claro y con un par de pelotas, con el bajo omnipresente de Joey Demaio dotado de una gran presencia. Y no es para menos, pues es un autentico virtuoso a las cuatro cuerdas, aunque como veremos más adelante esto pueda jugar en contra del resultado general del álbum. Completan la alineación Ross The Boss a la guitarra, sacándose riffs y solos cojonudos en todo el disco, la contundente y sobria ejecución de Scott Columbus tras los parches, y Eric Adams a la voz, quien con su enorme rango vocal consigue catapultar las canciones a otro nivel. Adams es sin duda uno de los mejores cantantes del estilo y con más rango vocal, y para mí sin duda el mayor atractivo de la banda, aunque a veces se pase tres pueblos con sus agudos.
El disco comienza con dos temas algo más comerciales, “All Men Play On 10” y “Animals”, que vienen a anticipar lo que harían luego a partir de “Fighting The World”. La primera es un medio-tiempo cabezón y directo, sin muchas florituras, mientras que la segunda pisa más el acelerador. Ambas son bien pegadizas, con buenos coros y perfectas para abrir el álbum, sin embargo lo mejor empieza justo después con “Thor (The Powerhead)”. Este tema es directamente uno de los mejores que parió el grupo, épico de cojones, con una intro genial que te pone a cien, y ese acelerón a mitad de tema donde Ross The Boss se casca uno de sus mejores solos. Una canción que seguro que fue inspiración para el Power Metal que vendría después, aunque deja en pañales a cualquier tema de este estilo que ha salido en los últimos años. Sin duda, un tema digno del portador del Mjolnir.
Cerrando cada cara de lo que sería el vinilo tenemos las dos canciones más largas y trabajadas del disco, “Mountains” y “Guyana (Cult Of The Damned)”, ambas más lentas y solemnes, llevando más lejos las ideas de “Battle Hymn” o las extensas composiciones del “Into Glory Ride”, y que se asemejan a ese estilo pausado pero épico que estaban desarrollando los míticos CIRITH UNGOL. “Guyana” también destaca por salirse de la temática habitual de las letras de MANOWAR, ya que habla sobre el suicidio en masa dirigido por Jim Jones, líder de la secta Templo del Pueblo de los Discípulos de Cristo. Curioso cuanto menos para venir de ellos, pero otros dos temazos que nos llevamos.
Nos quedan otros dos misilazos. El tema-título, con un Demaio que toma el protagonismo y donde acaban marcándose otro himno para los restos, y de “The Oath”, la más rápida y cañera del disco, con un Adams pletórico que se desgañita en su recta final. En este “The Oath” es que se acercan incluso al Speed Metal y a las propuestas más intensas de la época, aunque obviamente no estamos hablando de Thrash, sino más bien del Power Metal americano en la linea de gente como JAG PANZER. Sin embargo, este disco de los conans no se salva de tener también un punto realmente negro, porque sino estaríamos hablando de una obra maestra y no es el caso. Me estoy refiriendo a “Thunderpick”, que no es más que una instrumental donde Demaio nos demuestra el altísimo nivel técnico que tiene tocando el bajo, pero que acaba siendo un ejercicio de autocomplacencia totalmente insulso e innecesario. Un compendio de notas a toda pastilla sin mucho sentido que termina por empañar un disco que podría haber sido glorioso. Al menos no es tan lamentable como el discurso de muerte al falso metal que iniciaba la también insustancial “Black Arrows” de su anterior plástico.
Este último patinazo no quita que estemos ante un disco tremendo, en mi opinión el mejor y más equilibrado que parieron estos tíos, a pesar de tener cosas criticables, como la mencionada “Thunderpick”, y también la portada, que se la podían haber currado más. Creo que todo buen amante del Heavy Metal clásico debe al menos darles un oportunidad, por que al menos te llevaras un buen puñado de temas para cantar con los colegas a las cuatro de la mañana en tu bareto heavy de confianza. Por suerte o por desgracia MANOWAR tienen una personalidad arrolladora que invade todos sus álbumes, lo cual a veces va en detrimento de su música, pero eso no quita que sean unos señores músicos, como quedó demostrado en este tremebundo “Sign Of The Hammer”.

Pieza de culto del heavy tradicional si señor
ResponderEliminar¡Di que si! El primer día del zurbarán el Ross the Boss tocó unas cuantas de este disco y fue la hostia. A ver si este año venís los dos días.
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