Hoy vamos a meternos de lleno con una autentica rareza, nada más y nada menos que el perro verde de la escena del Black Metal noruego noventero. Estoy hablando por supuesto de FLEURETY y su primer y rompedor álbum “Min Til Skal Komme” de 1995, año de plena ebullición del género. Olvidaos de otros nombres míticos de la escena, de los EMPEROR, BURZUM, DARKTHRONE, MAYHEM o SATYRICON de turno, porque aquí estamos hablando de otra cosa bien distinta. El sonido crudo y demoníaco de aquellos deja paso a una producción de la propia banda que resulta mucho más equilibrada, con un sonido limpio y claro donde se escuchan perfectamente todos los instrumentos, pero sin dejar de lado la garra y la contundencia.
Incluso se escucha el bajo claramente, y si, habéis leído bien, ¡el bajo se escucha en un disco de Black Metal! Que baje satanás y lo vea. No solo eso, sino que encima es un fretless y se roba el protagonismo en algunos momentos. Pero ahí no acaba la cosa, porque todos los instrumentos se lucen de lo lindo a lo largo de los 44 minutos que dura el disco. Y es que estos tíos (que eran dos, más el colega que llamaron para el bajo) tocaban y mucho, pero siempre dentro sus capacidades, que no eran pocas precisamente.
Ahora bien, lo de no sonar a grifo y tal en el Black Metal no era tan original para 1995, ya empezaban a hacerlo los suecos o incluso IMMORTAL. El asunto radica en que estos desgraciados fueron mucho más allá. A pesar de mantener la atmósfera invernal propia del Black metal, todo el disco rezuma un aroma de melancolía y aflicción, aunque sin llegar a cotas demasiado depresivas. Algo así como si las leyendas del Death/Doom MY DYING BRIDE se hubiesen aventurado por los terrenos del metal negro. Incluso ficharon por la entonces joven discográfica británica Aesthetic Death, que se centra en promocionar a bandas realmente oscuras de Doom y Black.
Añádele a la coctelera unos coros femeninos cortesía de una cantante de pop noruega, mucha influencia del rock/metal progresivo en las composiciones, y unas melodías extrañas atonales (y quizá alguna cosa más que se me escapa) para crear algo totalmente único y fuera de serie. Este es de esos discos que no solo se salen de los moldes, sino que cogen dichos moldes, los rompen en mil pedazos y los mandan a tomar por culo. Tan solo ULVER consiguieron llegar tan lejos en su primer largo, aunque por un camino más Folk, de lo cual también podemos encontrar algo por aquí, entre el batiburrillo de influencias que tenían estos chavales.
El disco lo conforman tres grandes composiciones, las cuales rondan los 10 minutos, complementadas con otros dos temas instrumentales más cortos. Es en estos dos temas instrumentales, los cuales son aderezados por los coros femeninos, donde el grupo muestra su lado más intimista con esas largas secciones de guitarras limpias, aunque eso si, sin caer nunca en el empalagamiento. Un buen ejemplo es la mayor parte del último tema, que se va apagando como si al acabar el álbum estuviésemos saliendo de una ensoñación. Y es que este es uno de esos discos que realmente consiguen crear una atmósfera onírica, transportarte con su música a un lugar que parece no existir. Pero ojo, porque es muy fácil cruzar la linea hacia lo moñas y hacer el jodido ridículo cuando se intenta algo como esto. Sin embargo, no es el caso de estos aguerridos chavales nórdicos, que aunque caminan en muchas ocasiones por la cuerda floja, nunca terminan de traspasar el límite.
Hay mucha tela que cortar en este plástico, puesto que las tres extensas composiciones que antes mencionaba estas llenas de momentazos dignos de mención uno tras otro. En cuanto echa a rodar el primer tema, “Fragmenter Av En Fortid”, con sus finas guitarras, ya podemos escuchar el contraste entre las delicadas voces femeninas y las agudas guturales que nos van a acompañar todo el metraje. Guturales que van al servicio del batería Svein Egil Hatlevik, porque el colega Alexander Nordgarden, quien se encarga de las guitarras, se jodió sus cuerdas vocales de forma permanente en el primer EP de la banda, en el cual ya apuntaban maneras. Como curiosidad, este Alexander fue guitarrista de MAYHEM en directo durante un tiempo, pero no llegó a grabar nada con ellos.
Fleurety en los noventa
En “En Skikkelse I Horisonten” añaden más capas a su sonido, pues podemos apreciar unos teclados que le dan un toque incluso siniestro, pero lo mejor es como los instrumentos van engarzando secciones unas con otras de forma totalmente fluida. Fijaos por ejemplo en esas melodías que va tejiendo la guitarra a partir del 7:40. Sencillamente sublime. Como anticipaba en el primer párrafo, se puede apreciar un momento de lucimiento del bajo en “Englers Piler Har Ingen Brodd” en el 5:16. Además nos deleitan con una sección donde todo se detiene y tan solo quedan unas etéreas guitarras limpias complementadas por el bajo, un momento de reposo antes del envite final.
Y podríamos pasarnos un buen rato desgranando todo lo que este majestuoso disco tiene por ofrecer, pues son muchos los momentos y pasajes que se podrían destacar. Pero por más palabras que utilice no voy a hacer justicia a lo jodidamente bueno que es. Estos FLEURETY se alejarían luego del Black Metal y tirarían por derroteros más alternativos, que a mi ya no me interesan mucho la verdad. Pero sin duda, este debut es uno de esos discos únicos, llenos de matices y recovecos en los que perderse una y mil veces, de esos que se convierten en una pequeña joya a reivindicar para cada persona que lo descubre. Uno de esos álbumes que parece haber salido de ninguna parte, como nos advierte su enigmática portada, y que, rompiendo los esquemas de su tiempo, se termina por encumbrar como una obra de culto al que todo fanático del género debería dar por lo menos una oportunidad.


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