Hoy toca adentrarse en las pantanosas marismas del Death Metal sueco para rescatar una de sus mayores joyas. Uno de esos álbumes que por desgracia pasa a menudo desapercibido ante colosos de la talla de los brutacos GRAVE, los salvajes DISMEMBER, o los inevitables ENTOMBED, pero que sin duda merece comer en la misma mesa que todos ellos. Estoy hablando obviamente del “The Winterlong...” de los acribillantes GOD MACABRE, que no eran más que unos mocosos adolescentes cuando grabaron este descacharrante y gélido debut. Unos adolescentes por otro lado, que debían estar de aquella descerrajados de la puta cabeza para poder sacarse de la manga unas canciones tan malsanas y llenas de podredumbre como estas, aunque eso sí, con una calidad fuera de órbita.
Estos chavales ya eran unos señores músicos sin haber llegado a la mayoría de edad, lo cual no es más que otra prueba de la precocidad de aquella generación que vino a cambiar todo el panorama del metal extremo, aun ni siquiera sin tener edad legal para beberse una birra. Incluso si nos remontamos a finales de los ochenta, cuando todavía se hacían llamar MACABRE END, y ya se preveía la que se nos venía encima con aquel terrorífico EP titulado “Consumed By Darkness” de 1991. Lo cual por otra parte los coloca como una de las bandas pioneras de la escena sueca, ahí es nada. Aquí destacan tanto las gélidas guitarras del bueno de Jonas Stalhammar (quien también se hace cargo del bajo), escudado por el colega Ola Sjöberg, la certera batería de Niklas Nilsson, y los aterradores guturales del amigo Per Boder, que parecen los rugidos de un oso de las cavernas antes que los alaridos de un ser humano.
Pero estamos hablando de la élite del Death Metal sueco, así que como es norma tenemos el clásico sonido de guitarra motosierra a todo trapo grabado en los Sunlight Studios de Tomas Skorgsberg, y que fue producido por el propio grupo. Aunque a su vez, este es uno de los discos donde más se percibe la influencia del Crust Punk, que inundó a toda aquella irrepetible generación de bandas suecas, y que los diferenciaba claramente del Death americano. Además, estos chavales le añadieron una buena dosis de BLACK SABBATH a la mezcla para salirse del molde, lo cual se puede apreciar, como no, en sus partes más lentas y cochambrosas.
El resultado es uno de los discos que más hielan la sangre que te puedes echar a la oreja, al igual o incluso más, que el también mítico “Where No Life Dwells” de UNLEASHED. Lo tenían todo para haberse convertido en uno de los grandes nombres del Death Metal sueco e incluso mundial, pero las cosas se torcieron como les pasó a tantos otros. Para empezar, el disco fue grabado en 1991 pero no salió al mercado hasta 1993, cuando ya se habían disuelto y estaba todo el pescado vendido. Además, el tener detrás a una discografía pequeña como M.B.R. Records seguro que tampoco ayudó al asunto.
Pero pasando a las canciones, que al final es lo importante, son todas tremendas. Entran a matar desde el segundo uno con “Into Nowhere” y el grito de guerra de Boder. Enseguida se aprecia la combinación de partes a todo trapo, y otras más lentas llenas de guitarrazos escalofriantes que serán la tónica general de aquí al final. “Lost” sigue por los mismos derroteros de malsana barbarie, añadiendo unos teclados a mitad de tema que no hacen más que reforzar la atmósfera lóbrega de todo el disco. Seguimos para órdago con “Ashes of Mourning Life”, y su aplastante riff principal, que la convierte en una de mis favoritas de toda la movida sueca. El mismo camino transcurre el himno para los restos que es “Spawn Of Flesh”, que representa como pocas canciones que significa esto del Death Metal sueco. También he de apuntar como en algunos momentos tiran por derroteros algo más melódicos, que me recuerdan a sus compatriotas DESULTORY, otros grandes de la escena.
Entre todas estas burradas el grupo deja espacio para dos pequeñas instrumentales, que pueden parecer simples interludios, pero que son dos tremendas composiciones con mucho valor en si mismas. La primera es “Teardrops”, con unas melodías de guitarra y riffs de Stalhammar cubiertos de escarcha que erizan la piel. Por su parte, “Lamentation” se mete incluso en terrenos folk por los que vuelven a triunfar sin mucho problema, y sin salirse nunca de los gélidos derroteros que emanan de todo el álbum. El colofón de este plástico llega con “In Grief”, donde volvemos a tener a toda la tropa a piñón fijo para acabar sacando definitivamente la bola del estadio, aunque es en su segunda mitad donde alcanza su clímax. Aquí recurren a una de las tonadas de la película “Hellraiser” (las películas de terror, otra de las obsesiones de aquella generación), que se funde con el estelar punteo de Stalhammar para terminar de ponerte los pelos como escarpias. Los instrumentos van lentamente desvaneciéndose hasta apagarse para poner punto final a este inenarrable álbum, y en ese momento no queda más que volver a darle al play.
La única pega que se le puede poner, es que sus 27 minutos se hacen un poco escasos y acaba dejando con ganas de algo más. Pero vamos, que si eso es lo peor que se puede decir de un disco es que estamos hablando de un pepo de los gordos, además ya se sabe que lo bueno si breve dos veces bueno. Aún así, discazo absolutamente sobresaliente, imprescindible si te mola lo más mínimo el Death Metal, al nivel de lo mejor que parió la vieja escuela sueca. Todo ello rematado con una portada tan inquietante como evocadora, que se ajusta como un guante a la rancia música que contiene. Poco más que añadir, tan solo que la banda volvió a reunirse para dar algún que otro bolo y que Relapse les remasterizó este “The Winterlong…”, pero hasta ahí llega su legado. Por consiguiente, que quede este humilde texto como homenaje a esta tremenda banda que no se merece el ostracismo al que fue relegada en su momento.


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