Un oasis en medio del desierto. Así es como seguramente se tuvo que sentir el álbum que vamos a subir hoy a la palestra para los pocos escogidos que se toparon con él, en el ya lejano año 2000. Y es que poco Thrash Metal había en la segunda mitad de los noventa, y menos así de bueno e intenso. Cierto es que DESTRUCTION y SODOM ya se iban recuperando del letargo noventero, mientras que por su parte la escena americana había perdido completamente el rumbo, salvo algunas honrosas excepciones. Y aquí es donde entran este trío de salvajes suecos bajo el nombre de HYPNOSIA, que un año atrás ya se habían despachado con un abrasador EP, ‘Violent Intensity’. Justo un año antes de que reventase el revival thrasher, especialmente de la mano del trió teutónico (podríamos incluir también en parte a TANKARD) con aquellos ‘The Antichrist’, ‘M-16’ y ‘Violent Revolution’ que le brindaron al género parte de su brillo antaño perdido. No es casualidad que mente a los grupos que se convirtieron en insignias del Thrash alemán, porque si a algo recuerdan estos pollastres nórdicos es sin duda a KREATOR. Se nota que estos chavales se merendaban sin parar aquella gloriosa seguidilla de discos de Petrozza y compañía, así que con la lección aprendida, una actitud de aplastacraneos, y muchas ganas, se metieron en estudio para dejar su granito de arena en la turbulenta historia de esta música.
Aquí lo que tenemos es la mala hostia del ‘Pleasure to Kill’, pero con la pericia de todo un ‘Extreme Aggressions’. No hace falta mas que ver la voz del colega (nombre), que parece el gemelo sueco perdido de Petrozza. Aunque claro, hasta ahora muchos podríais pensar que no es más que una copia al carbón de los alemanes, pero lo que les da cierta personalidad es su acercamiento al Death Metal, con dejes a SADUS y a sus compatriotas MERCILESS Así que ya os podéis imaginar lo que encontramos aquí. Pura rabia contenida en unas canciones que son una andanada de sablazos una tras otra, con sus subidas y bajadas, y con sus breakdowns thrashers para darle al mosh como mandan los cánones, todo ello bien resumido nada más empieza a rodar el álbum con el tema homónimo.
El conjunto viene aderezado con una producción cruda, abrasadora, que le otorga a las guitarras un tono afilado, como el hacha del inclinao de la portada, la cual te la compro sin duda, con su rollo retro asusta-viejas como le gusta al buen thrasher. La base rítmica se complementa como una máquina engrasada que te ametralla sin cesar. De hecho, el batería es uno de esos que parece que tiene un petardo en el culo de lo rápido que toca, eso si, preciso es un rato el tío no os penséis. Aquí la violencia es la ley, pero eso no va a la par de ser un manta con los instrumentos. Es más, siempre he pensado que cuando controlas tu instrumento y más recursos tienes, vas a tener más capacidad para masacrar al oyente.
No hay mucho que destacar en las canciones, ya que todas van un poco a lo mismo, tralla sin concesiones, sin dejar respiro a los desgraciados que nos hemos topado con esta pequeña joya. Pero por mencionar algunas, tenemos el riff destrozacuellos que abre ‘Circle of the Flesh’, o ‘The Last Remains’ y ‘Comatose’, que empiezan bajando las revoluciones para ponernos a tono antes de volver al desmembramiento. Y los estribillos, pues ya os podéis imaginar, se sienten como rápidas cuchilladas por la espalda, como debería ser en todo buen disco de Thrash. Incluso se descuelgan con un tema a toda pastilla de menos de dos minutos, ‘Hang ‘Em High’, por si no quedaba claro que aquí lo que importa es la inmediatez y no dejar prisioneros en el camino. Tan solo hay un momento de respiro en la media hora larga que dura este disco, que se encuentra en ‘Gates of Cirith Ungol’ (se ve que también les mola Tolkien a los chavales), la instrumental de rigor. Empieza tranquila (parece mentira después de la barbarie anterior), con guitarras limpias, que va poco a poco subiendo la intensidad hasta que vuelven los hachazos. Un instante de contemplación del campo de batalla antes de continuar con la acción.
Hacia tiempo que no me topaba con un disco con tanta mala leche, sin muchas pretensiones más allá de entregarnos poco más de media hora de Thrash Metal puro y a la yugular. Una pena que estos cabrones se separasen en 2002, por me dejan con ganas de más. Tan solo hecho en falta que hubiesen metido algún solo más para acabar de redondear las canciones, pero vamos que se disfruta de lo lindo y eso es lo que importa. Que por cierto, Hampus Klang, quien se encarga de la guitarra líder formaría los BULLET con otros colegas, que aún siguen al pie del cañón entregando puro Heavy Metal ochentero de buen nivel. Pero volviendo a este ‘Extreme Hatred’, desde luego no estamos ante un disco que sea una obra maestra que viene a reinventar el género (ni lo pretende), pero es de aquellos que me hacen seguir adentrándome en estas aguas una y otra vez. Da igual que en el mainstream solo surjan bandas a las que las grandes discográficas no hacen otra cosa que cortarles las alas, y que los buques insignia del género se hayan vendido, o estén totalmente sumidos en la mediocridad. Siempre habrá un grupo de chavales en alguna parte del globo con ganas de mandar todo a la mierda y reventar la escena, como un oasis para aquellos que seguimos en nuestra travesía por el desierto.

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