Hoy toca estrenar la sección de discos malditos, aquellos que han quedado en la memoria colectiva como un punto negro en la discografía de sus creadores, o que pasaron sin pena ni gloria ante la crítica a pesar de tener mucho que ofrecer. Polémicos, experimentales, detestables, o joyas ocultas, pero desde luego dan de que hablar, así que vamos al turrón.
Nos encontramos en 1997. El Nu Metal está despegando y todos los clásicos de la escena se hallan completamente perdidos, ya sea porque la industria pasaba de ellos pues tenían un nuevo juguete que exprimir, o por sus desesperados intentos de subirse al carro de las modas imperantes sin mucho éxito. Sin embargo, había un tipo que iba a salirse del molde, como tantas veces había hecho antes, para entregarnos el que es para mi el mejor experimento noventero que jamas hizo una de nuestras bandas clásicas de los ochenta. Me refiero obviamente al jefazo Blackie Lawless al mando de sus incombustibles WASP, que demostró que aún en su peor momento personal, podía dar a luz a semejante monstruosidad de álbum.
Después de encadenar una racha legendaria de álbumes y tocar techo con ‘The Headless Children’ y 'The Crimson Idol', en el ‘95 llegó un buen ‘Still Not Black Enough’, pero que pasó bajo el radar sin pena ni gloria y que vaticinaba un oscuro futuro para la banda californiana. Dos años después WASP estaba totalmente desarticulada, así que Blackie llamó de nuevo a Chris Holmes, el puto Mean Man ni más ni menos, como un intento de reconciliación. Se metieron en el estudio, empapándose del metal industrial que se había ido desarrollando en los noventa, y sacaron al mercado este terrorífico ‘Kill, Fuck, Die’, donde plasmaron todos sus demonios internos. Lo que nos encontramos por tanto es el sonido sucio y desprolijo de WASP pero pasado por el filtro industrialoide de unos MINISTRY. Las baterías se vuelven maquineras, con ritmos marciales a cargo de Stet Howland, (que en los noventa se alternaba con Banali), dando forma a un disco que nos mostraba a un Blackie más oscuro que nunca.
Alguno podría esperarse lo peor con estos experimentos, porque anda que no hay malos ejemplos (¿alguien dijo MEGADETH?), pero cuando empieza el tema-titulo se esfuman las preocupaciones. Los riffs macarras y sucios cortesía del señor Holmes siguen ahí, bajo ese sonido electrónico corrosivo, pero además Blackie no había perdido el particular gancho que ha inundado siempre todos sus álbumes. Si bien es cierto que el tono desenfadado de los primeros aquí se vuelve realmente amenazante y agresivo. Ya os digo, que sin ser yo un fan acérrimo del Metal Industrial, a mi me convenció de primeras, y este primer tema es la muestra perfecta. Himno de la banda, que combina el rollo clásico con el sonido que se destilaba en los noventa. Si este no te entra, mejor no sigas porque de aquí hasta el final solo se vuelve aún más grotesco.
Otro puñado de temas siguen en esta linea, rememorando el sonido clásico de WASP gracias a los riffs incendiarios de Holmes, como ‘Take The Addiction’, ‘Little Death’, ‘Wicked Love’, y ‘Killahead’. Esta última recupera especialmente el espíritu macarra de temazos aplastacraneos como ‘Mean Man’, ‘Rebel In The FDG’ o ‘Ballcrusher’, con sus estribillos pegadizos marca de la casa y tal pero mucho mas sombríos. Ahora bien, dentro de los temas más ‘tradicionales’ es en ‘U’ donde el nivel locura llega hasta lo insano, con sus cambios de ritmos y subidas y bajadas de intensidad. Por su parte ‘My Tortured Eyes’ se sale de esta tónica, pues se trata de un medio tiempo muy denso y áspero, la sucesora espiritual y noventera de esa maravilla que era ‘Widowmaker’ del ‘The Last Command’.
Me quedan tres composiciones por comentar, las cuales se erigen como las más extrañas y originales del lote, donde Blackie da rienda suelta a todos sus delirios y deprevaciones, revestidos de atmósferas industriales sucias y opresivas. La primera de ellas es ‘Kill Your Pretty Face’, que va subiendo su intensidad como un megalodón de metal corroído que espera al acecho para saltar a morder. Totalmente siniestro, y sus conciertos de aquella no se quedaban atrás, siendo los shows mas brutales que jamás hicieron. Cuando tocaban esta barrabasada simulaban la violación en directo de una monja por parte de Blackie, casi nada. Inmediatamente después llega ‘Fetus’, un interludio abominable de apenas un minuto, pero que toma valor por si mismo por su atmósfera tan repulsiva e inclasificable. Pero es al final cuando nos entregan la más terrible y atroz de las canciones de este disco, llamada elocuentemente ‘The Horror’. Sin duda una de sus mejores composiciones, con el Blackie mas siniestro que recuerdo, que va construyendo este ‘horror’ sin prisa, tomándose su tiempo para perturbar toda mente que se cruza en camino. La segunda mitad es realmente estremecedora, soltando lindezas como estas:
I am hell, godless me
I am pagan idolatry
Kneel before the horror
Kneel before the horror
Fuck me, kill me, drink my blood
Fuck me, kill me, drink my blood
All pigs die, kill, fuck, die
Poco más queda por decir de este tan acojonante como sustancioso trabajo, donde una de las mejores bandas estadounidenses de Heavy Metal consiguió reinventar su sonido clásico durante los noventa como pocos de sus congéneres se atrevieron siquiera a intentar. Blackie lo ha llegado a considerar su disco mas creativo (le daría la razón si no existiese ‘The Crimson Idol’), salido de un lugar de su mente al que no quiere volver. Quedaba demostrado una vez más que el tío podía seguir adelante sin estar anclado en el pasado y salir triunfante, hazaña que volvería a repetir por última vez con ‘Dying For The World’ tras el trauma del 11/S.
De hecho creo que es cuando se ha puesto en modo piloto automático cuando más se ha acercado a la mediocridad, eso si, sin nunca llegar a parir un mal álbum. A pesar de sus esfuerzos, este ‘K.F.D.’ pasó prácticamente inadvertido ante el público, incluso quedando relegado al ostracismo por parte los fans de la banda, si bien nunca ha sido un punto realmente negro en su discografía por su calidad. Por ello lo considero un digno candidato para iniciar la sección de discos malditos, aunque cierto es que hay casos mucho más sangrantes que el del séptimo disco de WASP. Si no lo habéis hecho dadle un tiento os guste el estilo o no, porque es de los que no dejan indiferente.

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