sábado, 25 de abril de 2026

Anthem – Bound To Break (1987)

 

1. Bound To Break
2. Empty Eyes
3. The Show Must Go On
4. Rock 'N Roll Survivor
5. Soldiers
6. Limited Lights
7. Machine Made Dog
8. No More Night
9. Headstrong
10. Fire 'N The Sword
 

Viajamos ahora a la tierra del sol naciente, para adentrarnos en su rica escena ochentera que por desgracia pasa muy desapercibida por lo general a ojos de la fanaticada de occidente. Muchos conocerán a X JAPAN, pioneros del Visual Key con toda esa estética extravagante, y el sonido primigenio del rock y metal japones actual, que inundó por completo el mundillo anime hasta hacerse insoportable. Pero antes de toda esa movida existían grupos de puro y duro Heavy Metal, con influencia de los clásicos británicos y estadounidenses, pero muchas veces con su toque propio. Los de la vieja guardia recordaran obviamente a los enormes LOUDNESS de Akira Takasaki, por ser los que pegaron el pelotazo en los states después de que los acogiese el productor inglés Max Norman (echaos un vistazo por su currículum, y veréis que pocas manos había mejores que las suyas para grabar un disco en aquella época). Pero hoy me voy a centrar en una agrupación de auténticos currantes del riff que pasó por debajo del radar, y que apenas son conocidos por aquí, a pesar de ser toda una institución en su país natal. Por supuesto me refiero a los tremendos ANTHEM, en concreto de este su tercer álbum de estudio, titulado ‘Bound To Break’, y que pasamos a diseccionar.

No penséis ni por asomo en el rollo súper exagerado, recargado y hortera de todos esos grupos Heavy/Power/Sinfónicos que suelen salir de Japón, porque nos encontramos en 1987 y estos nipones tienen un buen par de pelotas. Además son una de las primeras bandas japonesas, junto a EARTHSHAKER y obviamente LOUDNESS, poniendo su granito de arena para levantar la escena de su país. Liderados por su bajista, el tremendo Naoto Shibata, como si fuese un Steve Harris a la japonesa (salvando las distancias claro), siempre con mucha presencia, pudiendo escuchar sus cabalgadas en la mezcla, pero sin llegar a tener momentos concretos para lucirse. Cohesión y trabajo en equipo ante todo, como demuestran la atronadora batería Takamasa ‘Mad’ Ohuchi, sin mucho problema para desenvolverse en todos los terrenos con fluidez, y los guitarrazos de Hiroya Fukuda, tirando riffacos y solos cojonudos en todo el disco.

Por su parte, Eizo Sakamoto tiene una de esas voces rasposas, con garra y mucho gusto para la melodía, a pesar de no ser un portento, a diferencia de Yukio Morikawa (el Graham Bonnet japones) que entraría en el siguiente ‘Gypsy Ways’, subiendo aún más el nivel. Lo que tenéis que tener claro es que siempre fueron una banda totalmente empastada y compenetrada, con mucha química entre todos los miembros, otorgando a las canciones de mucho dinamismo, y colocándoles (al menos en mi humilde opinión) muy cerca del nivel de los mejores. Ya os digo, estamos ante unos musicazos, y es que los grupos japoneses en general tienen un dominio de sus instrumentos que llega a ser hasta insultante para el resto de mortales.

Pero aún faltaba un ingrediente que iba a catapultar a ANTHEM al siguiente nivel de calidad, y ese era una producción de primer nivel cortesía de Chris Tsangarides, otro de los míticos ases británicos tras los mandos. Después de dos primeros discos de formación donde estaban un poco verdes, el bueno de Chris les pilló por banda para este tercer largo y la mejora fue abrumadora, aunque no desmerezco la evolución de la propia banda como músicos por supuesto. Ahora bien, este puede parecer un hecho aislado sin mucha repercusión, pero lo cierto es que Chris Tsangarides aprovechó sus grabaciones con ANTHEM para desarrollar el sonido que luego utilizaría en un disco tan intrascendente y anodino como fue el ‘Painkiller’ de ya sabéis quien. Una batería que suena como un puto tiro, guitarras afiladas pero con mucho cuerpo, cosa que comenzaría en este álbum y que iría afinando en los dos siguientes del grupo, ‘Gypsy Ways’ y el tremebundo ‘Hunting Time’ (este último suena especialmente atronador y para muestra un botón – enlace a Evil Touch), formando una trilogía de álbumes difícilmente equiparable.

Que por cierto, aviso a navegantes. Estos tíos como la mayoría de sus compatriotas, cantan en japones, salvo los estribillos en inglés, una forma supongo de apelar al público internacional sin traicionar sus raíces. Pero a lo que voy es que hay mucha peña que tiene problemas cuando le cantan en otro idioma que no sea el de Shakespeare o el suyo propio, perdiéndose agrupaciones acojonantes tan solo por la barrera del lenguaje. En mi caso no es así ni mucho menos y hasta lo agradezco, pues le otorga a la música un punto de exotismo y personalidad, y ya no me lo imagino de otra manera. Desde luego el idioma no es obstáculo cuando el material es de primera, así vayamos a las canciones, que tenemos un poco de todo, porque a estos tíos salían bien parados de cualquier situación.

El tema-título abre pisando el acelerador, perfecto ejemplo del sonido compacto de la banda, sin florituras innecesarias, pero ya te digo que no te la vas a sacar del coco. ‘Empty Eyes’ no baja el ritmo y entra a matar con un riff asesino para convertirse en una de las que más me gustan, porque es una de esas canciones totalmente distinguibles, que no te recuerda a ninguna otra.The Show Must Go On’ baja una marcha y quizá sea algo más ramplona pero al final terminan pariendo un gran tema. Eso si, con las dos siguientes vuelve a subir el nivel, con la frenética ‘Rock N Roll Survivor’, de ritmo endiablado y coros irresistibles que se encumbra como mi favorita, y una más melódica ‘Soldiers’ con un riff en la onda de ‘We Rock’ de esos que nunca falla.

El interludio ‘Limited Lights’ da paso a la segunda mitad del plástico, y a otro de sus puntos fuertes, la magistral ‘Machine Made Dog’, que sería sin duda el hit con videoclip y todo. Aquí optan por uno de esos temas con atmósfera, que se van fraguando a fuego lento hasta explotar con un pedazo de estribillo, como aquellas ‘Russian Roulette’ o ‘Rock Hard Ride Free’. Palabras mayores lo se, pero creedme que no va tan a la zaga de aquellos himnos de ACCEPT y JUDAS. ‘No More Night’ vuelve a subir las revoluciones, aunque tampoco me parece de las mejores. Ojo, un tema muy bueno igualmente, lo cual habla maravillas de la solidez del conjunto, porque aquí no hay un solo momento de flojera. Para el final se dejan dos temas de esos que te aplastan como una apisonadora. ‘Headstrong’ con sus riff rocosos y coros sencillos pero efectivos, canalizando el espíritu macarra de los mejores ACCEPT. Muy bueno el solo de Fukuda, primero a paso lento calentando motores, para luego meter bien de caña sin concesiones. Y para poner la guinda ‘Fire ‘N The Sword’, autentico temazo aguerrido, un himno de esos que se te graban en la piel, de guitarrazos implacables y aún mejor estribillo. Sublime y punto.

Y hasta aquí llega este monumento al Heavy Metal que es ‘Bound To Break’, que les sirvió a ANTHEM para llevar a cabo su primera incursión en territorio americano, aunque por desgracia no consiguieron el éxito de sus colegas de LOUDNESS. Si os habéis quedado con ganas de más (lo cual no me extrañaría), seguid sin dudar con los cuatro siguientes, también producidos por Tsangarides, con la excepción de ‘No Smoke Without Fire’ del ‘90, porque como imaginareis se encontraba ‘matando el dolor’ con Halford y compañía. Precisamente ahí vais a poder entender la importancia de un buen productor, por que el sonido es lo único que le falta a su disco de 1990 para ser igual de bueno que la tripleta anterior. Cuando los descubrí fueron como hallar un puto tesoro escondido, solo que a diferencia de estar enterrado en Europa o en los states como de costumbre, había que peregrinar hasta la tierra de los samuráis. Un discazo se mire como se mire, pero eso si, las portadas nunca han sido su punto fuerte, todo hay que decirlo.


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